¿Cómo vivo esta Cuaresma Misericordiosa?

Cuaresma Misericordiosa

 

¿Cómo vivimos la Cuaresma dentro de este año Misericordioso?

Son muchas las preguntas que me vienen a la mente. Muchas preguntas con falta de respuesta. Si las supiéramos, seguramente sería todo mucho más fácil. Pero así y  todo, como somos unos afortunados, tenemos la fe que nos hace creer en todo aquello que leemos en los evangelios y que nos cuenta Jesús en muchas de sus parábolas.

¿Cómo es nuestro comportamiento y cómo enfocamos nuestra vida dentro de esta Cuaresma? Hemos asistido a muchos Retiros y Adoraciones que nos hacen pensar en este tema, y gracias  a Dios, algunas veces nos sacan de dudas.

Tenemos tres pilares que son: la oración, el ayuno y la limosna. Nos hablan del amor, que es lo más importante, nos hablan de que imitemos a nuestra Madre, a nuestro Padre. En la misa del día de San José, nos decían que fuéramos como él. Dar cariño, como el que él daba a María. Hacía la voluntad del Padre. Comentaba uno de los Padres en la homilía, que le impresionaba con la rapidez que hacía su voluntad: “Cuando lo sabía, lo ponía en práctica”. ¿Somos nosotros como él? ¿Hacemos la voluntad del Padre como él? ¿Igual de rápido?

Es cierto que muchas de nuestras dudas es saber lo que nos pide el Señor en cada momento, por eso tenemos que tener el corazón abierto,  para descubrirlo. Evidentemente, a mí por lo menos, todavía no me ha hablado Dios en sueños,  (que yo sepa) pero sí es cierto, que debemos estar alertas para saber qué nos pide, por muy insignificante que parezca. El otro día leía dos frases que me parecieron preciosas: “Casi todo lo que realice, será insignificante, pero es muy importante que lo haga”. “Amor y verdad son dos cosas de Dios, la verdad es el fin y el amor es el camino”.

Creo que si hacemos caso de estas dos citas, las cosas en nuestra vida podrían cambiar, y viviremos de una forma especial muchas de las cosas que nos ocurran en nuestra cotidiana vida. Si hacemos las cosas por amor a Dios, será más fácil, y como he comentado en otras ocasiones, siempre es más fácil si nos apoyamos en la oración.

¿Qué cosas nos impiden estar cerca de nuestro Padre? ¿Cuáles son los obstáculos que nos encontramos en nuestro camino? Algunos, nos parecen insignificantes, pero son verdaderos muros para acercarnos a Él. El otro día, en una maravillosa Adoración sacaban a relucir esas barreras que nos hacen el camino más empinado:  “no miramos el dolor de los más cercanos, no querer mirar mis miserias, mis debilidades, tengo miedos que no reconozco, angustias, y me pongo cadenas a mí mismo…..” es que , ¿No miramos a Dios?.

Pero ¡Qué ciegos somos!  Dios mío…!!! Abramos el corazón y dejémonos tocar por el abrazo misericordioso de nuestro Padre. Ayunemos, como dicen los Padres, de todo aquello que nos hace alejarnos de Dios. ¡No seamos necios!  ¡Somos unos privilegiados, lo tenemos todo, todo lo mejor que es el amor de Dios, su abrazo, esas manos misericordiosas que se posan en nuestros hombros, y que siempre están allí, aunque nuestros hombros no estén, pero están ahí, esperándonos!… ¡esas manos amorosas…!

He conocido algunos casos de gente que ha vivido con miedo durante un tiempo, con inseguridades, con angustia, y en cuanto han abierto su corazón y han visto verdaderamente la misericordia de Dios, han sido las personas más felices del mundo  dando testimonio de su experiencia y siendo instrumento para los demás, para esa gente que también se encontraba angustiada y con falta de paz y esperanza. Y verdaderamente es maravilloso.

Sólo Dios puede quitarnos los miedos, y aunque volvamos a caer por nuestra torpeza humana, también María, nuestra Madre, seguirá  sujetándonos la mano, como decía el Papa, para que sigamos el camino hacia el Señor.

¿Cómo nos damos a los demás? ¿Qué limosna damos?

Jesús dio su vida por nosotros. ¡SU VIDA! Realmente cuando pensamos esta realidad ¿nos damos cuenta de la profundidad que tiene? ¿Qué damos nosotros en nuestra vida?

Creo que tenemos confundidos los valores, somos pecadores y  nos aferramos a lo material. Basamos lo que tenemos en las cosas terrenales y creo que deberíamos cambiar este concepto  para vivir más libres. Libres en la verdad.  Hay gente que no tiene nada, pero lo da todo, como en el Evangelio. Hay gente que lo tiene todo, o eso cree, pero en el fondo no tiene nada, y eso es porque les falta amor dentro de su corazón.

Me encantaría ser de esas personas que llena el corazón de los demás, que dentro de mis limitaciones pueda hacer esbozar una sonrisa, o dar un abrazo amoroso cuando alguien se encuentre derrumbado, hacer saltar lágrimas de alegría, o escuchar gritos de júbilo. Nuestra meta es hacer la voluntad del Señor y mi deber, es  hacer felices a los demás dándoles lo que Dios ha puesto en mi camino. Y cuando lleguen momentos tristes o  de sufrimiento, poner mis manos sobre sus hombros para darles el consuelo y  el amor que necesitan. Quiero parecerme a mis Padres del Cielo porque gracias a ellos soy todo lo que soy, y tengo lo que tengo y debo ser  enormemente agradecida por el regalo que me han hecho. No quiero irme del Hogar y abandonarlo todo. El Hogar que necesito es el corazón de mi Padre.

En esta Cuaresma Misericordiosa tan especial, sólo pido a Dios que no perdamos nunca los verdaderos valores de nuestra vida. Estamos aquí, para ser verdaderos instrumentos para el mundo, para ser misioneros de la Palabra de Dios, y eso lo haremos si nos apoyamos en los tres pilares: no nos olvidemos de la oración, recemos para saber lo que me pide Dios en cada momento, ayunemos de lo que nos aleja de nuestro Padre, y que la limosna que demos a los demás, además de dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, y vestir al que no tiene, también sea: una sonrisa , un abrazo,  un apretón de manos, una conversación,  y todo ello  lo hagamos desde lo más hondo de nuestro corazón.

Mica, Marzo 2016