LA FE PRÁCTICA EN LA DIVINA PROVIDENCIA

Hna. María del Mar Parés- Abril 2016

La Fe Práctica en la Divina Providencia es una pieza clave dentro de la espiritualidad de Schoenstatt, tanto es así que sin ella Schönstatt no existiría. Los schönstattianos, cuando sellamos nuestra Alianza de Amor con María, nos unimos especialmente a nuestra Madre del Cielo. Desde ese momento, Ella pasa a ser de manera sobresaliente nuestra Educadora y como tal nos va enseñando su misma manera de ver la vida, como Hija predilecta del Padre Eterno que confía plenamente en su Divina Providencia. María nos acerca al Dios de los Cielos y nos enseña a amarlo como nuestro Padre y a verlo como ese Dios personal que está preocupado por nuestra pequeña vida y a quién le importan nuestras alegrías y penas.

Nuestro Padre y Fundador lo aprendió también de María desde su consagración a Ella a los 8 años. En aquel entonces, a través de María, aprendió a entregar sus nostalgias y sus sufrimientos de niño en aquel inhóspito orfanato y a descubrir las pequeñas y grandes alegrías de la vida diaria. Se ejercitó tanto en esto que, más tarde, ante cualquier acontecimiento de la vida, pequeño o grande, siempre se preguntaba: ¿Qué quiere decirme Dios con esto? ¿Qué me pide ahora? Y de acuerdo a ello actuaba.

Fue así como fundó Schoenstatt, por un acto de fe en la Divina Providencia, y como fue guiando la  construcción de esta gran Obra divina. El Padre no tenía planes personales, únicamente su gran plan era dejarse guiar por el plan de Dios y dejarse usar como su pequeño instrumento. Esta fe práctica en la Divina Providencia fue la que le daba la certeza de ir respondiendo en todo a la voluntad de Dios. Y por esa fe creció tanto su seguridad que se convirtió en una seguridad inamovible, su fortaleza con la que venció todas las dificultades y su firmeza en las decisiones, tal como la del 20 de Enero de 1942 que sólo puede entenderse a la luz de esta fe. Sobre el fundamento de esta fe creció el castillo de la Obra de Schoenstatt y nada ni nadie puede entenderse sino es bajo el prisma de esta fe.

Así lo manifestó nuestro Padre en una ocasión: “Esta es la fe que de manera tan victoriosa ha guiado a Schoenstatt en los años transcurridos. La fe, que nos fue regalada como un libre regalo desde lo alto. Esta es la fe que más y más ha ganado la victoria sobre todo lo puramente humano. Esta es la fe providencial sin la cual no tenemos derecho a existir. La fe providencial de la cual yo personalmente estoy convencido que nos fue implorada, que siempre nos será implorada, en el Santuario, por la querida Madre de Dios como nuestro carisma”. P.K. 

Pidámosle  pues a María que implore desde nuestro Santuario, para todos nosotros, esta misma fe que regaló al Padre y con la que venció todas las batallas de la vida. 

Con Ella podremos ver la vida con una nueva luz. Yo me lo imagino así: es como si pasáramos de padecer miopía a ponernos unas gafas que nos permiten ver la vida con otro brillo, con una nueva luminosidad. Y es que es una luz que no se apaga nunca y menos aún cuando la vida se vuelve oscura y gris por las cruces o sufrimientos que nos toque sobrellevar. No, esa lámpara sigue iluminando aún con mayor intensidad porque se alimenta de la firme convicción: “Dios es Padre, Dios es bueno y bueno es todo lo que Él hace y permite”.

En este sentido, os invito a rezar con nuestro Padre y Fundador:

“ También así quieres actuar en nuestro Santuario fortaleciendo la fe de nuestros débiles ojos, para que contemplemos la vida con la mirada de Dios y caminemos siempre bajo la luz del cielo.

Haz que esa luz me ilumine, y mire con fe cómo el amor del Padre me acompañó en este día. Fidelidad a la misión sea mi agradecimiento por sus innumerables dones.” (HP 213-214)