Recuerdos de la Ordenación Eduard Forcada. Por Cristina Singla

“Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo” Jn 21.17

Días de preparación, nervios de última hora, años de formación y muchas oraciones después, llegó el gran día: la ordenación de Eduard Forcada, Edu para la familia catalana.

Es 2 de Junio de 2018. Nos giramos y vemos por el pasillo central una fila interminable de sacerdotes, diáconos, monaguillos y el Obispo de Terrassa. Sólo en los grandes hitos de nuestra historia en el Santuario de Valldoreix se ha repetido esta imagen impresionante.

Para nosotros el tercer Domingo de cada mes, ver un Padre de Schoenstatt que se prepara para celebrar la Eucaristía nos llena de alegría, imagina ver a tantos Padres venidos de tantos lugares y en medio de ellos Eduard. Tras esta imagen sentimos el paso de Dios, su mano guiando a su pueblo.

Y al mismo tiempo, el coro formado por seminaristas y chicas de la juventud femenina de aquí empiezan a cantar. A partir de allí, esos cantos tan alegres y tan nuestros, nos acompañan a lo largo de toda la celebración. Mientras los celebrantes se acercan al altar nos fijamos en las flores blancas y amarillas que las hermanas de María habían estado colocando para engalanar el lugar.

Eduard Forcada se sienta frente al Obispo, solo, entre él y sus padres, hermanos, familiares y toda la familia de Schoenstatt (de Barcelona, Girona, Tarragona, Madrid, Asturias y hasta un matrimonio de Chile!).

Mi hermano Santi lee al inicio la biografía de Eduard, se le ve emocionado y algo abrumado por el honor que le ha concedido Edu…pincha más abajo para seguir leyendo ….

Empieza la Liturgia: el perdón, el Gloria, la oración colecta, las lecturas y el Evangelio que lee Eduardo Segura, diácono y compañero de curso de Eduard. Una liturgia muy cuidada donde el tiempo se vuelve algo eterno.

Tras el Evangelio, el Obispo Josep Ángel dirige unas palabras muy cariñosas y familiares a una asamblea cada vez más emocionada. Llega la liturgia de la ordenación. El Obispo habla y el escogido responde.

Eduard Forcada se prosterna, mientras el coro canta las Letanías de los Santos. Eduard que es tan humilde, se ve casi abatido por Cristo, vencido por su Amado. Y notamos cómo los Santos están junto a Eduard en este momento, toda la Iglesia orante. También invocamos al beato Karl Leisner. Y creemos que también el Padre Kentenich ora y nos acompaña.

El Obispo impone sus manos sobre Eduard, y luego uno por uno, todos los sacerdotes presentes. El Padre Carlos le reviste con los ornamentos que le ha acercado Lluis, el padre de Eduard. Se abrazan Eduard con el Padre Carlos, con su padre y con su madre. El Obispo le entrega el pan y el vino y le abraza, y luego Eduard va recorriendo las filas y abrazando a su comunidad y a todos los sacerdotes. El corazón se desborda, tanta gracia y tanta humanidad a la vez, tan sagrado y tanta ternura, cuánto Amor!

Ya es Padre Eduard Forcada, el primer sacerdote catalán, el primero del Santuario de Valldoreix, el primero que reza en catalán. Se agolpan las imágenes, Edu de pequeño, el eterno monaguillo, con su pelo rojo, haciendo cabezadas la misa del gallo, Edu ‘el Biblias’ tan pequeño y recitando pasajes, Edu con sus hermanos mellizos en el parque, Eduen bici por el barrio, Edu tiene vocación, Edu en la fiesta de despedida, Gemma contando que se había tragado el capuchón de un usb, Lluis diciendo que ahora está en Paraguay, la hna. Raquel Punyet vuelve, Esther que se casa y le da pena que Edu no esté, Eduard vuelve para España y hará sus prácticas en Madrid, Aleix se casa y es papá de Isabel, Edu se va a ordenar en Barcelona, el Padre Diogo viene para hablar con el Obispo y para preparar la ordenación. Hoy, ahora, Edu es el Padre Eduard, sacerdote del instituto de los Padres de Schoenstatt. Alabado sea Dios! Mi alma canta la grandeza del Señor!!

El Padre Eduard junto al Obispo celebra la Liturgia eucarística, consagra el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Al final de la misa, el Padre Eduard dirige unas palabras llenas de gratitud: a sus padres, a sus hermanos, a todos sus formadores, a la Familia, a la comunidad Sión de María, y se le quiebra la voz, se deja inundar por el amor del Señor al que llama su hermano, su amigo, su amado. Y a María, su Madre, mi Madre.

Gracias.

Cristina Singla y José Pérez.