P.Jorge Zegers

Recordando y agradeciendo…

Compilamos varios artículos que han escrito del P.Jorge Por su entrega a Schoenstatt y su vocación en España.

MUCHAS GRACIAS P. JORGE ZEGERS

Acabamos de recibir la noticia de la muerte del Padre Jorge,¡¡¡de nuestro queridísimo Padre Jorge!!! Es más para nosotros, nuestro santo Padre Jorge y no podemos espera a escribir unas línea sobre él.

Siempre le vimos, bueno, magnífico asesor, amigo, y sobre todo seguidor del Padre Kentenich en todo, para llevar a todos los que le rodeaban a María.

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Podemos hablar con pleno conocimiento de hechos y con el corazón en la mano, pues trabajamos, en muchos aspectos codo a codo con él en años muy duros por todo lo que se emprendió e hizo.

Nos asesoró infatigablemente, no sólo como miembros de la Liga, sino como jefes de la rama de matrimonios.

Fueron los años en que, con su ayuda y su orientación incansable, pudimos hacer que el Movimiento fuera mucho más conocido en España, fue el momento en el que en la Conferencia Episcopal enseñamos a escribir Schönstatt para que figurase en sus boletines. Fueron los años en que nos asesoró para crear la UFE y la FAMOFACA. En que, gracias a su asesoramiento constante, fuimos simultáneamente, presidentes de la primera y secretarios de la segunda. Su ayuda fue decisiva en la elaboración y aprobación por la Iglesia de unos y otros.

¿Cómo podríamos haber dirigido la elaboración del librito de “Cien preguntas y respuestas sobre el matrimonio”, si no nos hubiese dado su plácet a lo que presentábamos para su aprobación a los otros movimientos?

Nunca habríamos podido ser Asesores en la Subcomisión Familia de la Conferencia Episcopal si no hubiésemos tenido su asesoramiento, su dirección, sus consejos.

Ese asesoramiento que nos llevó a realizar en IFEMA, un gran acto eucarístico (en el que hubo más de treinta obispos) el año internacional de la familia, aunque en la rama familiar de Madrid éramos menos de 30 grupos, aunque tan unidos como pocas familias de sangre. Pero esa unión, aunque venga por nuestro carisma, aunque venga por la Mater, habría tenido más dificultades sin el P. Kentenich y sin el P. Jorge.

En lo humano, no tengo palabras. En una visita desde Chile, estando poco tiempo en Madrid, pudo encontrar un momento para acercarse hasta el Hospital en el que yo estaba grave y darme la extremaunción. Siempre había encontrado, anteriormente, un momento para atenderme cuando le necesitaba para algo. Nunca evadió un solo encuentro conmigo a pesar de sus muchos trabajos, siempre pudo sacar una hora para atenderme, nunca dijo ¡no!

¡No puedo decir más en este momento! Las lágrimas caen abundantemente en este momento por mi rostro y los dedos se niegan a seguir escribiendo. Sólo puedo decir recemos por un santo.

Ricardo Sánchez Sánchez


P. JORGE ZEGERS, PASTOR Y MISIONERO

Cuánto nos cuesta aceptar que el padre Jorge, ya liberado de la dolencia que le ha ido debilitando en los últimos tiempos, vela ahora por nosotros no desde su Chile lindo sino desde un observatorio mucho mejor. Todos nosotros, tan numerosos y tan originales, conservamos recuerdos vinculados a él, infinitos, variopintos y, cómo no, reveladores… que, si consiguiéramos reunirlos, tendrían valor enciclopédico. Yo me tomo la libertad de esbozar aquí una parte – mínima – de lo que late en mi sentimiento a la hora de asimilar su regreso al Padre Eterno.

En los oficios de la Semana Santa de 1978, en el Santuario de Pozuelo, Carlos y yo tuvimos nuestro primer contacto con el padre Jorge. Más tarde, ya integrados en el grupo 4º de la Rama Familiar, que no en el 5º como hubiera correspondido, se fueron afianzando por lógica el conocimiento, la confianza y la admiración. No es descubrir nada nuevo decir de él que, además de ser un sacerdote santo con gran facilidad para comunicar y transmitir su fe, tenía toda la autoridad que le proporcionaban su formación y su experiencia junto con la capacidad y el sentido de moderarla en algo si llegaba el caso, ya que la firmeza de criterios y la flexibilidad de decisiones  en él se hacían compatibles; su naturalidad, su talante alegre, su cercana simpatía y el margen de confianza que siempre proyectaba hacia los demás eran sobrada razón para que, fácilmente, se estableciese una perfecta relación de respeto  afectuoso hacia él. Por sus dones y sus virtudes resultaba ser una persona admirable y, cosa curiosa, en su trato con cada uno de nosotros tenía la virtud de hacernos sentir admirables uno a uno.

Chileno de raza, sin alardes, supo ser fiel a su esencia original – y hasta al acento musical de su lengua – , bien asentado en la propia realidad para, desde ahí, conectar a fondo con el sentir, la cultura, la espiritualidad y la sobriedad expresiva de los españoles… Por aquel entonces, España “Tierra de María” y “Reserva espiritual de Occidente” no debía de ser un destino fácil para la evangelización pero, contra todo pronóstico, la Divina Providencia “estuvo al quite” del deseo fundacional del P. Kentenich y permitió que se movilizaran sacerdotes chilenos  – y hermanas alemanas y chilenas – para regalar a la madre patria un sólido proyecto de fe cristiana acorde con el hoy, previamente desentrañado y asimilado en el Nuevo Mundo y con clara vocación a revitalizar las menguadas raíces cristianas europeas. Y el padre Jorge, que había sido ordenado sacerdote en el ideal del Buen Pastor, se entregó a su misión sin reservas.  Con todo,   aquellos primeros años marcaron un tiempo que no fue muy fácil; al ser pocos crecíamos despacio, y el ardor de algunos no conseguía prender en todos con igual fuerza. Pero teníamos a la Mater en el Santuario… y la casa de las hermanas para la misa del domingo, y tareas para todos los que quisieran aceptarlas… Medios escasos, sí, pero gran entusiasmo. Recuerdo, por ejemplo, en cuanto a nuestro básico órgano de comunicación llamado “Hoja Informativa”, cómo el padre Jorge instaba a incluir color “al menos en la portada” y cómo su empeño hubo de esperar hasta que la reducida economía logró tener un respiro.

No cabe duda de que los años de fundación de Schoenstatt en España fueron exigentes y duros para los padres y las hermanas que asumieron esa misión.  La misión de contemplar – y vivir – con una certera visión de nuevo cuño la fe cristiana recibida… y comunicar ese contemplar y ese vivir a quienes, atraídos por la mirada de María en el Santuario, se interesaran por los avatares del P. Kentenich, aquel sacerdote alemán que tuvo la santa osadía de sellar una Alianza de Amor con Ella. Lógicamente, de los tres pilares de Schoenstatt  era la figura del Fundador lo que más costaba entender, lo que más ayuda requería del asesor de nuestra Rama. Pero el P. Jorge, que lo había conocido, nos  acercó tanto al Fundador, tanto, que acabó por entrar en nuestros grupos y en nuestras familias con toda su realidad vital – más allá de la recatadamente silenciada -, para ocupar el lugar preferente que merece en nuestra historia de fe… y más allá. El crecimiento numérico de schoenstattianos fue permitiendo que se definieran las diversas vocaciones, que se afianzaran las ramas, que se multiplicaran los proyectos. Y se construyó y se bendijo el Centro de Peregrinos de Pozuelo, y también el Santuario de Valldoreix y el Santuario de Serrano, con la consiguiente anhelada expansión del movimiento hacia el servicio de la sociedad… y de la Iglesia. Y, detrás de toda esa conquista, cuánta entrega, cuántos desvelos, cuántos trámites por gestionar, cuántas dificultades por salvar,  cuánta espiritualidad por nutrir, cuántas sensibilidades por atender, cuánto equilibrio por lograr… a cargo de esos “héroes para la misión”, fieles a María, que entonan el Canto de Franz Reinisch. Un himno, por cierto, que estaba entre los preferidos del P. Jorge Zegers, a juzgar por la emoción con que lo cantaba; actitud delicada y sobriamente marcial con la que imploraba al “Signo grandioso” personificado en la Mater, mientras vigorosamente  música y letra daban razón del impulso que latía en lo más hondo de la misión recibida… y aceptada.

Bueno sería  que los schoenstattianos más nuevos descubrieran que el edificio – más o menos sólido, más o menos completo – que hoy ofrece nuestro movimiento en España, y en el mundo entero, es una obra que se ha ido levantando, desde la escucha a las voces de Dios y a las voces del tiempo, con generosidad, con fe, con voluntad, con un amor sin límite, y que descansa en los cimientos firmes que le va construyendo la entrega incondicional de tantos Fundamentos Vivos, como el que acabamos de recordar hoy aquí: nuestro querido Padre Jorge Zegers.

Pozuelo de Alarcón, 29 de mayo de 2020

M.R. Muñoz de la Peña

P. Jorge Zegers en sus Bodas de Plata Sacerdotales (Pozuelo, 1992)

P. Jorge Zegers en sus Bodas de Oro Sacerdotales (Pozuelo, 2017)

Se nos ha ido un sacerdote santo – P. Jorge Zegers

Madrid, a 21 de mayo de 2020, día de la Ascensión del Señor, Barbara Anne De Franceschi •

Se nos ha ido un sacerdote santo. Despacio, sin hacer ruido, ofreciendo en silencio una enfermedad que le ha ido quitando su fuerza física y su vigor, pero que le ha mantenido alerta hasta su última agonía. Rodeado de sus hermanos de comunidad, cuidado por la Unidad de Cuidados Paliativos, y sostenido por las oraciones de dos países que él amaba profundamente y que a él le amaban con la misma fuerza. —

En Chile, su país de origen, su gran familia: su comunidad de sacerdotes, algunos todavía de su curso, con quien se formó, se ordenó sacerdote y convivió estrechamente durante largos años; su hermano Cristian y su esposa Cristina, sus numerosos sobrinos para quienes celebraba Misa cada año en Navidad y cuando la oportunidad se presentaba, con quienes pasaba sus vacaciones en el sur, y por los que siempre se preocupó. Estaba muy orgulloso de su historia, de su familia, de la manera en la que el Buen Dios le fue conduciendo.

En España, donde llevó a cabo su tarea de Buen Pastor durante los años centrales de su vida, se han encendido las velas de los Santuarios Hogares de tantos que le quieren, para acompañar ese proceso largo y difícil de quien se tiene que preparar para un viaje, quizás el más importante de la propia vida, que le llevará hasta el Cielo. Misión cumplida.

Yo escribo desde España. Hoy es un día luminoso, todavía primaveral. Apenas saliendo de un largo confinamiento que ha permitido, sin embargo, que recuperemos un ritmo saludable, una vida estrecha de familia, un aire limpio, un despertar a la solidaridad con los más vulnerables.

En Chile me consta que viven un otoño arduo, difícil. En la cresta de un COVID-19 que no perdona, y que llega después de otra crisis muy grave del modelo social, económico y político, donde la Iglesia no ha salido precisamente bien parada. Este es el marco en el que el Buen Dios ha decidido venir a buscar al que fue reflejo suyo, siendo Buen Pastor, en sus dos queridos países: Chile y España.

Se nos va un sacerdote santo, un caballero de María, formado por ella, que ha forjado historia con las armas de la fe, de la esperanza y del Amor. Nunca fue ajeno, sin embargo, a la justicia social, a la cultura que le tocó vivir, perfectamente sensible a todo lo que le rodeaba: las historias personales, las corrientes culturales, las idas y venidas de la propia vida que se construye cada día.

Con un respeto absoluto hacia la libertad personal

Educado hasta la médula, prudente, sencillo, alegre, piadoso, misericordioso. Tenía el don del trato. En efecto, a todos trataba con el mismo respeto y delicadeza. No importaba la clase social o el nivel económico. Solo una cosa era importante para él: llevar las almas al santuario, y ser transparente de Cristo, Buen Pastor. Pero ¡ojo! ¡Con un respeto absoluto hacia la libertad personal! Cumplir la voluntad de Dios con cada uno parecía su norma de vida, pues nunca forzó ninguna situación que fuera en contra de la dignidad de la persona.

Cada uno, en Chile y en España guarda en su corazón los momentos transcurridos a su lado, en el despacho donde confesaba, en el altar donde celebraba Misa, en los hogares donde acompañaba las múltiples reuniones, en los paseos a la orilla del mar, o en aquellos que conducían a las cimas más altas. Tendremos mucho tiempo para hablar de ello y para recordar esos momentos en los que nos regaló su tiempo y sabiduría. Hoy solamente sale del corazón un gracias con mayúsculas. Un gracias, Padre Jorge, por su vida.

Su Capital de gracias a lo largo de su vida, su salud limitada que nunca le restó fortaleza, su mal riego que le jugó malas pasadas aunque a nosotros siempre nos levantara una sonrisa y su enfermedad de última hora no caerán en saco roto. No, padre Jorge, no. Ayudarán a levantar a su país, a devolverle su reputación. Ayudarán a reconstruir una Iglesia santa, con vocaciones santas. Nos ayudarán a nosotros a abrir nuestros corazones y a dejar que penetre la gracia de quien quiere habitarlo.

Hasta siempre, padre Jorge

Y nos volveremos a ver muy pronto porque en el Cielo no existe ni el tiempo ni el espacio. Y gozaremos junto a usted de todo lo que allí nos espera. Hoy, padre Jorge, disfrute del reencuentro con todos aquellos que partieron antes que usted: sus seres queridos, sus compañeros de comunidad, sus hijos espirituales, y sobre todo de la presencia del Padre a quien le conducirán el padre Kentenich, la querida y Santísima Virgen María, su Madre Tres veces admirable y Cristo de quien siempre fue reflejo.

Nosotros, en el día de la Ascensión del Señor, nos quedaremos tristes como se quedaron aquellos primeros apóstoles, pero hoy, solo saldrán de nuestro corazón palabras de agradecimiento. Hasta siempre, padre Jorge


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