El fundador

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El P. José Kentenich, fundador de la Familia de Schönstatt, nace el 18 de Noviembre de 1885 en Gymnich (Alemania). Ingresa en la comunidad de los Padres Pallottinos siendo ordenado sacerdote en 1910. Nombrado director espiritual en el seminario menor de los Pallottinos en Schoenstatt, comienza su labor educativa que tiene como fruto la fundación del Movimiento de Schoenstatt en 1914. A partir de entonces dedicará su vida al crecimiento y desarrollo de la Familia de Schönstatt. Sufrió grandes pruebas en su vida siendo apartado de su fundación en dos ocasiones. La primera por el Nacionalsocialismo, que le envía al campo de concentración de Dachau, donde permanece más de tres años. La segunda, y más difícil para un hombre que lo había arriesgado todo por amor a la Iglesia, a través del Santo Oficio que no comprende su obra y lo separa completamente de su Familia, enviándole a Milwaukee (EE.UU).

Tras 14 años de exilio y poco antes de la clausura del Concilio Vaticano II, será totalmente rehabilitado por Pablo VI. El P. Kentenich dedicará los tres últimos años de su vida a completar la fundación de su obra, orientándola a enfrentar los desafíos y el desarrollo futuro de la Iglesia post-conciliar.

El P. Kentenich miró con ojos de profeta nuestra época. Vio en ella un mundo que cambia a un ritmo vertiginoso y que da paso, entre dolores de parto, a una nueva etapa histórica que condicionará el futuro de la humanidad determinándola por muchos siglos. La transición histórica con la que se enfrenta la cultura occidental la compara en magnitud con el cambio que se produjo en la humanidad con el paso del nomadismo a la vida sedentaria. Percibe en los albores del siglo XXI, que los valores esenciales -Dios, hombre, comunidad- son cuestionados; los vínculos tradicionales se relativizan y debilitan al mismo ritmo que avanza la ciencia y la tecnología; el hombre, sin una referencia clara sin trascendencia, vive preso de sus pasiones: el ansia de poder, de poseer, de gozar.

Este mal que desgarra nuestro mundo y causa de angustia existencial, hunde sus raíces en la separación del hombre y Dios, de la fe y de la vida, del mundo natural y del mundo sobrenatural. Por eso nuestro tiempo grita por humanización y fraternidad, por unidad y libertad, por paz y justicia. Es el hijo pródigo que siente en lo profundo de su ser la nostalgia por la casa de su Padre.

fundador2La gran tarea a la que el P. Kentenich y su obra se sienten llamados es justamente abrir una brecha para el reencuentro de la criatura con su Creador y propone para ello un camino pedagógico inédito. Su objetivo es educar al hombre nuevo a imagen de María, y con su ayuda, formar una nueva comunidad, fraterna, libre y solidaria animada por la fuerza del amor y el espíritu apostólico universal.