El santuario original

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El 18 de octubre de 1914, respondiendo ciertamente a una iniciativa divina que encuentra su cauce en la fe del joven P. José Kentenich, la pequeña capilla de Schoenstatt se convirtió en un lugar de peregrinación y de gracias. En el origen de este acontecimiento no existe ninguna aparición o hecho milagroso como ocurre en otros santuarios marianos, por ejemplo, Lourdes, Fátima o Guadalupe.

En Schoenstatt las cosas ocurrieron de forma aparentemente muy sencilla: el Padre Kentenich tras un periodo de oración, meditación y atenta observación de los signos del tiempo, propone a un grupo de jóvenes sellar en su pequeña capilla una Alianza de Amor con la Stma. Virgen en el anhelo y la confianza de que María erigiría allí su trono de gracias y la transformaría en un lugar santo marcado por su presencia. Los jóvenes co-fundadores se comprometen a realizar un serio esfuerzo por su santificación, a entregarle sus renuncias, sacrificios, alegrías y oraciones como un “capital de gracias”, es decir, prometen ofrecerle todo aquello que emprendan o realicen en el campo personal, comunitario o apostólico para la realización de su gran ideal: con Ella, ser instrumentos de la renovación del mundo en Cristo.

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María, por su parte, aceptó establecerse en el Santuario para regalar a sus hijos que peregrinan hasta allí las gracias de un profundo arraigo en el corazón de Dios, de la transformación espiritual o conversión de vida y de fecundidad apostólica, gracias que hacen posible la realización de la misión de Schoenstatt.

Prueba de que el P. Kentenich no se equivocó al interpretar los designios de Dios y que la Stma. Virgen aceptó la Alianza de Amor, son todas aquellas personas que, a lo largo de las generaciones, se han vinculado con fe al Santuario. Allí han experimentado la presencia y la acción maternal de María en una poderosa corriente de vida destinada a impulsar la renovación de la Iglesia y del mundo en nuestro tiempo. De esta corriente han nacido los santuarios filiales, réplicas del santuario original en Schoenstatt y, a través de los cuales, la Familia y la Obra de Schoenstatt se expande por el mundo manteniendo un signo exterior de unidad.